Opinión | Hasta las narices del Covid

Casi dos años más tarde, y continuamos luchando contra esta pandemia mundial

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Vaya por delante que he respetado, respeto y respetará cuanta medida sea implantada para evitar los contagios, prima siempre el bienestar de las personas, pero es cierto que la gente está un poco harta de tanto cambio, de tanto desasosiego

Ha pasado prácticamente un año desde que tuvieramos conocimiento de la nueva variante de Coronavirus, el Sars-2 que tanto sufrimiento ha traído al mundo, y es que si algo bueno le podemos sacar a esta pandemia mundial es que nos ha tratado a todos por igual – igual de mal – independientemente de la riqueza o pobreza del país en cuestión. Hubo un tiempo en que fue así, ya luego con la vacuna, todo cambió, y volvió a aparecer la diferenciación económica, de clases, en definitiva, volvimos a encontrar ciudadanos de primera y de segunda, como siempre, desgraciadamente.

Lo cierto es que nos decían, allá por el mes de Abril del 2020, que no nos preocupáramos, que de ésta saldríamos como una sociedad mejor, más empática. Una falacia del tamaño del Taj-Mahal que nadie creyó, porque todos sabemos que, aunque cueste reconocerlo, cuando la vida está en juego nadie mira por el bienestar del prójimo.

Es por esta forma de ver la vida, cuestionable o no, que somos capaces de ver a todos aquellos que priorizaron nuestro bienestar al suyo propio, como auténticos super héroes. Y seguramente lo sean, pues de lo que sí estoy seguro es de que son seres humanos superiores, porque son más humanos que seres, y porque a pesar de que hoy en día los consideramos ángeles, demostraron que su visión terrenal de la vida es mucho más amplia y bondadosa que la nuestra… Gracias a ellos, seguimos en la lucha, pues no ser por su enorme labor, este mundo sería lo más parecido a la película «Soy leyenda» del mítico Will Smith… Algún ser humano, pocos, y algún perro, poco más.

Médicos/as, enfermeros/as, celadores/as, transportistas, bomberos/as, cajeros/as de supermercado… Ellos estuvieron en primera línea de batalla, cuando nadie quería estar, y por regla general, sin cobrar «plus» de peligrosidad en su salario. ¿Te imaginas una pandemia sin comida? Jamás nos faltó… Escúchabamos declaraciones del Gobierno de la Nación Española (por venirnos a nuestro país) en las que nos decía que nadie pasaría hambre porque se garantizaría que hubiera comida en los supermercados, y yo pensaba, ¿vas a ir tú con el camión a buscarla?¿vas a despacharla tú en el supermercado? ¡Qué va! Eso fue gracias a mucha gente que trabajó sin descanso, poniendo en riesgo a su familia, para que a ti no te faltara una lata de atún o un bote de leche… ¡Millones de gracias!

¿Y qué decir de nuestros hijos? Sin rechistar han cumplido con todo, lavándose las manos, con mascarilla todo el día en el colegio, distancia de seguridad – con lo que conlleva no poder jugar, abrazarse… – . Nos han dado una lección de humanidad y de vida, y ahora también se vacunarán, y lo harán con buena cara, sabedores que están haciéndose un bien, pero también lo están haciendo a sus compañeros de clase, profesores… Son grandes personas en pequeños cuerpos.

¿Y saben lo peor? Que hablo en retrospectiva, poniendo en valor cada acción de cada persona que luchó durante casi dos años – y siguen luchando – para que nosotros pudieramos hacer una vida lo más normal dentro de la anormalidad que reinaba en todo el mundo, pero cada peldaño que subo a estos auténticos guerreros, se lo bajo a los inconscientes. A esos que no creyeron – y lo triste es que hay gente que sigue sin creer, alucinante – en que la gente moría, y nos decían que todo ha sido una estrategia de Bill Gates para controlarnos… Imagináos la escena: una persona negacionista sentada en un sillón orejero, con una copa de Vega Sicilia en su mano derecha y acariciando a su gato con la mano izquierda, diciendo sin ningún tipo de rubor que Bill Gates nos quiere controlar, mientras en la misma mano de la copa – o del gato – lleva un smartwatch que te dice hasta cuando tienes que ir a dormir, y sobre la mesa, un smartphone que seguramente escucha tus conversaciones porque esta persona aceptó que así fuera, porque no lee nada de lo que acepta…»

Somos una sociedad egoísta, rebelde por naturaleza y decimos que NO antes de que nos terminen de preguntar, porque necesitamos tener el control de todo… No nos informamos, no leemos y aún así sabemos y opinamos de todo sin ningún tipo de pudor, y somos capaces de alzar la voz en incendiarios debates, pero eso sí, mientras estamos acostados en el sillón, en gallumbos, porque a través de Facebook, Twitter o cualquier otra red social todos parecemos inteligentes.

Y es que el Covid nos tiene hasta las narices, por supuesto, pero también nos tiene hasta las narices la gente que no se cuida, aquellos que se creen por encima del bien y del mal y que nos han traído hasta aquí, esos que con sus actos nos han hecho ver con malos ojos a un infectado, porque enseguida relacionamos que se infectó por no cumplir con las medidas que todos cumplimos, sin darnos cuenta que esa persona está enferma y necesita ayuda, y luego ya veremos el cómo y el por qué.

Ya está bien, seamos sensatos, seamos serios… Si hay medidas que cumplir se cumplen, hasta que termine esta pandemia, y ya luego buscaremos responsables, después de todo esto podremos ser vergugos de quién no ha hecho las cosas bien, llámese gobierno o quién sea, pero ahora sólo nos queda remar en la misma dirección y salir de esto cuanto antes, porque hay gente que lo está pasando tremendamente mal económicamente y eso también es un problema para esta sociedad capitalista en la que vivimos.

Juntos lo lograremos… pero así, costará mucho más.

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